Opinión

Existir en el espacio público

Columna de opinión 

Apuntes al borde

Existir en el espacio público

Por: María del Rocío Luna Castro* 

La dicotomía entre lo público y lo privado cobra relevancia en el debate surgido hace unos días sobre el “voto por hogar”, llevado a la palestra por la activista conservadora y aliada de Donald Trump, Erika Kirk. Ante cerca de 3 mil mujeres reunidas en San Antonio, Texas, instó a que un sólo representante, el jefe de familia, un varón que bien puede ser el esposo, hermano o padre sea el emisor del sufragio.   

La propuesta no es un acto aislado, desde la esfera virtual -en particular en Tik Tok- mujeres influencers no sólo han hablado de las virtudes del “household voting”, sino también han romantizado el papel de la esposa tradicional de los años 50´s. El movimiento tradwife impulsa la idea de que la mujer tiene como principal función dedicarse a las tareas del hogar, la crianza y los cuidados de los hijos, es decir, un rol en lo privado.

En el auge de esta conversación digital no se dice literalmente que las mujeres son inferiores o que no deberían participar en la vida pública, sino que apuestan por los valores de la familia,  lo que nombran armonía. Esto no es una dicotomía de ficción, es la astucia del patriarcado que se empeña en convencer que la autoridad por naturaleza  le pertenece al hombre. 

Aunque esta controversia, hecha viral en redes sociales, no es una iniciativa legislativa en el Congreso de los Estados Unidos  e incluso la Decimonovena Enmienda prohíbe la exclusión del voto por razón de género, el hecho merece una  pausa para la reflexión profunda. 

Fuera de la viabilidad jurídica, el debate nos invita a cuestionarnos sobre el rol de hombres y mujeres en el espacio público como entes de acción y sujetos políticos con autonomía, a preguntarnos sobre los principios elementales de la democracia moderna, como el reconocimiento de cada sujeto como político con plena autonomía  en el espacio público; idea expuesta por Hannah Arendt, la razón de ser de la política es la libertad. 

Hace casi cuatro décadas, la teórica política británica, Carole Pateman cuestionó las teorías clásicas del contrato social expuestas por Jean-Jacques Rousseau, Thomas Hobbes y John Locke. Desde su ángulo el pacto entre individuos libres e iguales era una falacia, era más bien un acuerdo de los hombres para asegurarse derechos sobre el cuerpo y el trabajo de las mujeres; tal libertad enunciada en el contrato social no es más que una ficción política, ella lo teoriza como el contrato sexual. 

El “voto por hogar”, devela esa ficción, no es una propuesta electoral, nos abre a la lógica descrita por Pateman sobre la subordinación de la mujer a una autoridad masculina desde la esfera privada, a la esfera pública.  En este artículo no pongo a discusión -tal vez valga la pena en otro espacio- lo que signifique en resultados electorales el voto por hogar, sino el reconocimiento o no del sujeto en las democracias modernas. 

El debate entonces es sobre si las mujeres son reconocidas como sujetos autónomos, con libertades políticas o si su libertad es nulificada.  Pateman criticó firmemente a Locke, sobre la visión en la cual las mujeres fueron relegadas a la esfera privada y sometidas a relaciones de dependencia. El término individuo es empleado, en la teoría política clásica, como un sinónimo de ser varón: “ser un individuo, significa ser hacedor de contratos, cívicamente libre, lo que queda de manifiesto con la sujeción de la mujer en la esfera privada” critica Pateman. 

Lo público y lo privado no es una línea neutral, es una organización política del poder. De acuerdo a Carole Pateman las libertades y las condiciones de igualdad que caracterizan al espacio público se construyen sobre una esfera privada donde las relaciones de autoridad y dependencia permanecieron naturalizadas. 

No hay que confundirse con el hecho de que las mujeres han alzado la voz en el espacio público en una cumbre de liderazgo femenino para dar esta propuesta, sino a quién se le da el derecho de tomar decisiones y quiénes las representan políticamente, ¿quién está detrás de este movimiento? 

Como apunte al borde de la historia, cualquier propuesta, aunque sea mediática, que tenga como fin condicionar la autonomía de las mujeres es una amenaza no sólo para las mujeres sino para la democracia moderna ¿quién es el sujeto de la democracia?

 Existir en la esfera pública es fundamental para el desarrollo de una comunidad democrática. 

*Estudiante en el Programa del Doctorado en Investigación en Ciencia Política  en la Universidad Autónoma de Guerrero, perteneciente al Sistema Nacional de Posgrados de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnologías e Innovación (SECIHTI). 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *